Siempre he creído que viajar era una buena manera de abrir la mente a la gente. Pero no viajar en viajes donde te lo dan todo hecho y vas del museo al hotel. Convivir con la gente del país, ver la cultura, sufrir las ventajas o inconvenientes de cada lugar, hace que tu mente cada vez acepte las cosas nuevas o diferentes sin repudiarlas a la primera de cambio. Los prejuicios o la desinformación pueden hacernos caer en el tópico.
Me acuerdo cuando fui a Marruecos, me encontré un país lleno de gente encantadora dispuesta a ayudarme. Cuando volví a Barcelona mucha gente me decía que me había topado con la mejor gente que habría por
Marruecos, que los moros no eran de fiar. A lo que yo contestaba "Claro, me han puesto a la mejor gente en mi camino, que casualidad...", los instaba a visitar Marruecos y que después opinaran. (Sobre este tema hay demasiados prejuicios, pero este post no va sobre Marruecos).
Los prejuicios no existen sólo por razas, países, religiones, tendencias sexuales, etc. Por desgracia también sobre personas que pagan la desinformación social acerca de muchos temas. Hace casi dos meses os escribí sobre Anna, una niña preciosa hija de unos amigos que tiene Síndrome de Down. Ella aún no ha sufrido ningún tipo de prejuicio social, pero José Luís, su padre explica en el blog que le escribe a su hija el ejemplo de Mathew, un niño norteamericano que también padece Síndrome de Down, él tiene 15 años y ya sabe lo que es que la sociedad lo trate como alguien "diferente". Mathew tiene también un blog.
Si leéis el post, os animo a hacerlo, leeréis la anécdota del final: Un día en un centro comercial Matthew corrigió a un individuo bastante insensible que se refirió a él como un “mongólico”. Esta fue su respuesta: “Perdóname. Yo no soy un mongólico. Soy un americano”.
Pues reconozco que yo misma hice algo así hace algunos años. Estaba en un restaurante con unos amigos, y en una mesa un poco alejada había una familia con dos niños. Yo le comente a una de mis amigas en voz baja: "El niño es gueño". Y la madre me intuyo (porque consideramos que era imposible oírme) y me dijo: "No, se llama estrabismo". En aquel momento me quise fundir, pero esa mujer me dio una lección, que las cosas por su nombre. Además es que yo soy un poco “mongola”, porque a mi me dolía cuando mis compañeros de 7º y 8º de EGB me llamaban “conguito” por ser morena y rellena. Sufrí las burlas durante dos años, por estar gorda y ser hija de profesora.
Yo no soy quién para dar una lección de moral a nadie, pero como explico en el post de Anna, sus padres me dieron una lección indirecta sobre el aborto. Si la blogósfera puede ayudar a la conciencia social, y yo puedo poner mi granito de arena, mi blog queda abierto a toda persona que quiera explicar su historia de prejuicios sociales.
"A mind is like a parachute, it doesn't work if it isn't open."
--Frank Zappa
Santi — 28-06-2006 21:47:28
Trici — 28-06-2006 22:09:01
JL — 29-06-2006 07:18:16
Trici — 29-06-2006 14:24:46
Kokito — 29-06-2006 16:02:16