Mi primer día en BOSCH fue un continuo flujo de presentaciones. No me acuerdo de ningún nombre por ese día. Descubrí que el 85% de los empleados son japoneses, el 14,999% alemanes, ya que la empresa es alemana, por supuesto todos los jefes menos el de mi departamento son alemanes. Y el 0,001% españoles, es decir yo solita. Así que soy la nota exótica y los japoneses se sorprenden de que sea española y me empiezan a hacer preguntas sobre España sin parar.
Por la tarde bajó Henrik, un alemán, a visitarme y me dijo que había una cena al día siguiente en un barco para ver el Rainbow bridge. Que estaba ya reservada pero que había uno enfermo, que si quería ir. Y claro, dije que sí, así que el viernes hacía viento y se suspendió en barco, pero fuimos a cenar a un restaurante donde te preparas tu comida en una plancha. A eso en Japón se le llama “Monja party” , aunque se pronuncia diferente que en español, así que no empeceis con las bromitas.

Hiro y Okamoto-san con las chicas alemanas

Henrik y yo